Investigación, voluntariado y arte para construir el futuro

Investigación, voluntariado y arte para construir el futuro
Dia de la Juventud

Cada 12 de agosto, el Día Internacional de la Juventud invita a poner el foco en las nuevas generaciones y en su capacidad para participar activamente en la construcción del presente y del futuro. Frente a desafíos como la desigualdad, el cambio climático, la falta de oportunidades educativas o la necesidad de construir sociedades más inclusivas, los jóvenes son protagonistas de las transformaciones sociales.

Desde el área de Acción Social de FUNIBER, nos sumamos a la fecha para destacar que tanto la investigación como el voluntariado y el arte son caminos que comparten un punto de partida: la voluntad de actuar y participar.

Las historias de Paula Buenaño, Álex Elvira Alfonso, Maria de Lourdes Pedro y Élvia Bento muestran precisamente esa diversidad de formas de participación. Desde un proyecto de investigación sobre contaminación ambiental hasta la coordinación de actividades de voluntariado universitario o la utilización de la fotografía para visibilizar problemáticas sociales, sus experiencias reflejan distintas maneras en las que la juventud puede contribuir a sus comunidades.

Investigar para comprender y transformar

Paula Buenaño representa el potencial de la juventud cuando la curiosidad se convierte en investigación. Con 17 años, obtuvo el segundo lugar en la edición 2025-2026 del Premio Internacional Preuniversitario FUNIBER Investiga, gracias a un proyecto centrado en los efectos de las nanopartículas de plástico en plantas acuáticas.

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Su investigación aborda una problemática ambiental concreta y explora alternativas de fitorremediación mediante plantas nativas. Más allá del reconocimiento obtenido, su experiencia muestra cómo los jóvenes pueden aproximarse a problemas complejos, estudiarlos y plantear posibles soluciones.

Su proyecto parte de una realidad ambiental, pero apunta a una cuestión más amplia: la capacidad del conocimiento para convertirse en una herramienta de transformación.

La experiencia de Paula también pone de manifiesto la importancia de generar espacios en los que los estudiantes puedan investigar desde etapas tempranas de su formación. Cuando un joven encuentra la oportunidad de desarrollar una inquietud y convertirla en un proyecto, la educación deja de ser únicamente adquisición de conocimientos y se convierte también en una forma de participación social.

El voluntariado como aprendizaje y compromiso

La transformación social también puede comenzar desde la participación directa en la comunidad. Es el caso de Álex Elvira Alfonso, estudiante de la Universidad Europea del Atlántico, quien participa en la coordinación del programa de voluntariado entre estudiantes de la universidad.

Desde su función, Álex informa sobre las actividades, organiza la comunicación, resuelve dudas y anima a otros estudiantes a participar. Aunque no haya formado parte directamente de todas las acciones, su papel le ha permitido conocer de cerca el impacto que generan estas iniciativas.

Para él, el voluntariado representa mucho más que una experiencia complementaria a los estudios. Le ha permitido desarrollar capacidades de organización, comunicación, responsabilidad y coordinación, al mismo tiempo que ha podido observar cómo sus compañeros descubren nuevas realidades y crecen personalmente.

Su experiencia también plantea un desafío importante: muchas veces los jóvenes no carecen de interés por participar, sino de información y oportunidades concretas.

“Los cambios empiezan muchas veces con personas que deciden involucrarse”, señala Álex.

Su reflexión resume una de las claves de la participación juvenil: crear oportunidades y facilitar el primer paso puede ser decisivo para transformar el interés en acción.

Cuando el arte se convierte en una forma de acción social

La fotografía ofrece una tercera vía para participar en la transformación de la sociedad. Las experiencias de Maria de Lourdes Pedro y Élvia Bento, estudiantes de la Universidade Internacional do Cuanza y vencedoras del Premio Especial UNIC del PHotoFUNIBER 2026, muestran cómo una imagen puede convertirse en una herramienta para observar, cuestionar y generar conciencia.

Maria de Lourdes encontró la imagen que presentó al concurso durante una caminata fotográfica por diferentes municipios de Luanda. En una calle del barrio de Catambor, observó las paredes deterioradas por el paso del tiempo y las lluvias. La aparición de un grupo de niños corriendo transformó la escena y le permitió captar una imagen en la que conviven las dificultades del entorno y la vitalidad de quienes lo habitan.

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Su fotografía también la llevó a reflexionar sobre la manera en que se representa África. Frente a las imágenes que pueden reducir el continente a la pobreza o a sus carencias, defiende la necesidad de mostrar otras perspectivas y reconocer el potencial, la creatividad y la capacidad de sus comunidades.

Para ella, el valor de una fotografía no está únicamente en la cámara o en la técnica.

“Aquello que hace que la fotografía tenga vida no es la cámara, es la mirada del fotógrafo.”

Élvia Bento, por su parte, encontró la imagen que presentó al concurso durante un viaje a Benguela, en el municipio de Catumbela. La escena la llevó a reflexionar sobre la situación de niños que deberían estar incluidos en procesos educativos y que, en cambio, se encontraban en otras circunstancias. Su objetivo era provocar una reflexión.

La fotografía, explica, puede contribuir a que más personas conozcan determinadas situaciones y las perciban desde una perspectiva diferente. Si pudiera ampliar su proyecto, buscaría identificar otras realidades similares y promover una mayor implicación de las comunidades para favorecer el acceso de los niños a espacios de formación, educación, arte y deporte.

La responsabilidad de comunicar

Las experiencias de Maria de Lourdes y Élvia incorporan, además, una dimensión especialmente relevante en la sociedad digital: la responsabilidad a la hora de representar y compartir imágenes de otras personas.

Ambas reflexionan sobre la necesidad de proteger los derechos de imagen y respetar la privacidad, especialmente cuando se trata de menores. Para Élvia, uno de los principales desafíos de su proyecto fue explicar a los responsables de los niños cómo sería utilizada la fotografía y qué finalidad tenía.

Esta experiencia reforzó su convicción de que los jóvenes deben reflexionar antes de publicar imágenes.

La cuestión resulta especialmente relevante en una época en la que una fotografía o un vídeo pueden alcanzar a miles de personas en cuestión de segundos. Comunicar también implica asumir una responsabilidad sobre aquello que se muestra y sobre la forma en que se representa a los demás.

De esta manera, el arte no se limita a producir imágenes: también puede educar en la mirada, cuestionar estereotipos y promover una representación más consciente de la realidad.

Cuatro experiencias, una misma idea: participar

Aunque sus proyectos son diferentes, comparten una misma lógica. Paula investiga para comprender y buscar soluciones. Álex organiza y moviliza a otros jóvenes para participar. Maria de Lourdes utiliza la fotografía para cuestionar las representaciones de su realidad. Élvia emplea la imagen para visibilizar una problemática y plantear la necesidad de actuar.

Investigación, voluntariado y arte se convierten así en diferentes expresiones de un mismo compromiso: no permanecer indiferentes ante aquello que ocurre alrededor.

Esta perspectiva también amplía el concepto de educación social. Educar no significa únicamente transmitir contenidos académicos. Significa desarrollar capacidades para interpretar el mundo, convivir con otras personas, asumir responsabilidades y participar en la construcción de soluciones.

Educación para ampliar las posibilidades de transformar

Para que ese potencial pueda desarrollarse, resulta fundamental que los jóvenes tengan acceso a oportunidades de formación y a espacios donde puedan poner sus conocimientos y capacidades en práctica.

Del conocimiento a la acción

Las cuatro experiencias recuerdan que la transformación social no tiene una única fórmula. Puede comenzar con una pregunta científica. Puede surgir al organizar una actividad de voluntariado. Puede aparecer detrás de una cámara fotográfica. Puede empezar en un aula, en una universidad, en un barrio o durante una conversación.

Lo esencial es que exista la posibilidad de transformar una inquietud en una acción.

Investigar, servir, crear y educar son diferentes maneras de transformar. Y cuando esas posibilidades se encuentran con oportunidades de formación, los jóvenes pueden convertir su conocimiento, su creatividad y su compromiso en impacto real para sus comunidades.

Crear oportunidades para que los jóvenes estudien, investiguen, participen y desarrollen sus capacidades significa también apostar por su potencial para generar impacto. Porque cuando la educación se combina con el compromiso, el conocimiento puede convertirse en acción y la acción, en transformación social.

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Acción Social